| MENÚ DE POEMAS (por TÍTULO y primer verso) |
A UN POETA MENOR DE LA ANTOLOGÍA
Al término de tres generaciones
Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos
Aquí, lo que dejaron los puñales.
Dakar está en la encrucijada del sol, del desierto y del mar.
De aquel hidalgo de cetrina y seca
Del otro lado de la puerta un hombre
¿Dónde está la memoria de los días
¿Dónde estará mi vida, la que pudo
El aljibe. En el fondo la tortuga.
¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
En su grave rincón, los jugadores
Entre mi amor y yo han de levantarse
FUNDACIÓN MÍTICA DE BUENOS AIRES
Habré de levantar la vasta vida
Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.
He cometido el peor de los pecados
INSCRIPCIÓN EN CUALQUIER SEPULCRO
La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
Laberintos, retruécanos, emblemas,
Las traslúcidas manos del judío
Lo ha alcanzado una bala en la ribera
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
Los ponientes y las generaciones.
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
Mirar el río hecho de tiempo y agua
Montañoso, abrumado, indescifrable,
Nada o muy poco sé de mis mayores
Nadie rebaje a lágrima o reproche
Nadie vio la hermosura de las calles
No arriesgue el mármol temerario
Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.
Si el sueño fuera (como dicen) una
Siempre es conmovedor el ocaso
Sin lástima y sin ira el tiempo mella
Somos el río que invocaste, Heráclito.
Soy el que sabe que no es menos vano
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
Un hombre trabajado por el tiempo,
¿Y fue por este río de sueñera y de barro
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Zumban las balas en la tarde última.
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